10 marzo 2006

Julio Cortázar

Progreso y retroceso
Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas. La mosca venía, empujaba un poco con la cabeza y pop ya estaba del otro lado. Alegría enormísima de la mosca. Todo lo arruinó un sabio húngaro al descubrir que la mosca podía entrar pero no salir, o viseversa, a causa de no se sabe qué macana en la flexibilidad de las fibras de este cristal que era muy fibroso. En seguida inventaron el cazamoscas con un terrón de azúcar adentro, y muchas moscas morían desesperadas. Así acabó toda posible confraternidad con estos animales dignos de mejor suerte.


cuentos, relatos cortos, sueños, pesadillas

2 comentarios:

Mantis dijo...
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Mantis dijo...

Borges habría dicho algo así como que: la Mosca que entraba no era sino la misma mosca que ya había entrado antes. Al fin y al cabo, las moscas que nosotros vemos hoy son iguales a las que veían Napoleón, o Jesucristo por ejemplo.

Lo que la desesperaba a la mosca no era el no poder salir, sino la absoluta convicción de que, después de morir, volvería a entrar para morir cuantas veces fuera necesario.

Yo creo que en mi casa las moscas son las mismas seis o siete desde hace diez años.