04 abril 2006

Desde adentro


Escuchó por primera vez el ruido una tarde mientras leía "Casa tomada" en el porche. De repente, desde adentro de la casa donde no debería haber habido nadie, vino un sonido como de dos o tres pasos rápidos y el silencio.
Permaneció atemorizada del otro lado de la puerta, a la espera de oír algo más, pero no.
Cuando empezó a dudar de su oído, entró lentamente a su casa. La registró con cuidado y no encontró a nadie.
La siguiente vez que lo escuchó fue mientras entraba al baño. Desde afuera le llegó un sonido como de corridas y muebles atropellados. Paralizada contuvo el aire hasta que el ruido se detuvo. Después de un tiempo que no supo calcular, agarró el tubo del desodorante de ambiente, y esgrimiéndolo como si esto fuese a ofrecerle gran protección, salió lentamente del baño con el estómago endurecido.
Nada.
Por supuesto, la tercera vez, se acordó de las anteriores, pero el miedo no fue menor.
Estaba cerrando la puerta de su dormitorio para poder abrir el placard con comodidad. El ruido esta vez fue largo y bullicioso.
Alguien estaba corriendo por su casa, y esta vez, le pareció que había más de una persona.
Agarró la tijera que guardaba en su mesa de luz, y por primera vez dudó de salir antes de que los sonidos terminaran. Pero esperó, y obviamente, tampoco vio a nadie.
Aprendió a manejar lo de los ruidos viviendo con las puertas abiertas, hasta que una noche, al apagar la luz, lo sintió en su propio dormitorio y a su lado.
Con el corazón a punto de estallar, y el terror en la garganta, estiró la mano y de un golpe encendió la luz, pero al igual que las otras veces, no había nada.
A partir de allí, sus noches cambiaron para siempre.
Como cada vez que apagaba la luz, empezaban los ruidos que eran cada vez más fuertes y bullangueros, decidió dormir con las luces prendidas.
Previendo cortes de luz, compró una linterna que guardaba debajo de su almohada.
Descubrió que el tumulto aparecía siempre que ella no podía ver del otro lado, fuese detrás de una puerta, un armario, o cuando apagaba la luz, y entonces su vida se volvió más luminosa, y sus puertas se mantenían indefectiblemente abiertas.
Las pocas veces que escuchaba accidentalmente los ruidos, notaba que eran cada vez más violentos. Inclusive, una vez le pareció notar que había gritos en el bullicio.
La fatalidad la sorprendió una tarde tranquila, en la que se disponía a dormir una siesta.
Cerró los ojos con deleite y entonces lo escuchó.
Estuvo cuatro días sin dormir.
El último día, comenzó a gritar y a correr para evadir el sueño.
En eso estaba cuando se dio cuenta con pavor, que ahora ella era parte del ruido.

cuentos, relatos, poemas, literatura

3 comentarios:

cuentista dijo...

Me gusta el estilo, las narraciones y el formato.

Una observación: algunos de los javascripts no funcionan correctamente en Firefox: se te descuadra la página y el efecto es desagradable.

Saludos.

Señorita Cosmo dijo...

Gracias cuentista, me alegro que te guste (sobre todo las narraciones, ja!), pero te juro que no tengo idea de lo que tengo que hacer para resolver el problema de los javascripts.

El Huije dijo...

Estupendo relato. Me hizo acordar de la película "Los Otros"
Hoy me estoy poniendo al día con tu blog. Debo confesar que hacía rato que no entraba.
Otro día le doy a tu otro blog, je je. Besos.