09 octubre 2007

El señor Anselmo


El señor Anselmo se mudó a nuestro edificio un día de verano en el que el sol, brillaba hasta en las sombras. Esta contingencia estival y una apariencia sosegada, demoraron la sospecha sobre su naturaleza maligna.
Tan pronto como se instaló, ocupó también la baulera individual que le correspondía en el sótano.
Nosotras somos (o quizás debería decir "éramos") cinco. La construcción es antigua, planta baja y dos pisos, dos departamentos iguales pero enfrentados como espejo en cada uno. El hombre vivía en el segundo B, enfrente de doña Haydée y justo arriba de mí.
Lo primero que nos llamó la atención fueron los ruidos. Durante la primera semana se los atribuimos a la mudanza reciente, pero con el correr de los días advertimos que no sólo no disminuían, si no que noche tras noche sostenían la misma rítmica. Comenzaban entre las nueve y las diez, y no finalizaban si no hasta las doce, poco más o poco menos. No son sencillos de describir. Como si alguien danzase arrastrando los pies, o como si un silbido se deslizase contra el suelo.
Si bien nadie más que yo tenía acceso a los sonidos de forma tan rotunda, Irene, que a cualquier hora andaba limpiando los pasillos, aseguró haberlos escuchado en dos oportunidades.

-Era como un enorme susurro que salía por debajo de la puerta -declaró. Y no mentía.
También fue ella la primera en preocuparse. Quiso la suerte, que una tarde, justo en la entrada al sótano y antes de bajar, se demorase en una pequeña mancha que había sobre la pared y mientras la limpiaba con su delantal, escuchó la voz llorosa de Anselmo que repetía una y otra vez "... un conjuro...", dijo doña Irene.
Esa noche con Carmen de campana en el segundo piso, Eulalia en el primero y Haydée en el umbral del sótano, la mismísima Irene y yo bajamos a inspeccionarle la baulera. Fue rápido. Todo lo que había era un enorme arcón sin llave, que para sorpresa de todas, estaba vacío.
Debatiendo la cuestión "cofre de Anselmo", llegamos a la conclusión de que el tipo, era mucho más extraño de lo que parecía así que nos decidimos a seguirlo.
Como durante las dos o tres semanas siguientes no sucedió nada, empezamos a descuidar el tema, pero tal como dice la frase, "los ratones salen cuando el gato se distrae", un amanecer de la cuarta semana, me llamó Haydée entusiasmadísima para contarme que había visto entrar al hombre con una mujer la noche previa, pero que si bien él se había ido a trabajar, ella, aún no había salido.
Decida, fui a tocar el timbre del segundo B, mas al no recibir respuesta, reuní a mis cinco amigas y para el mediodía ya teníamos un plan.
Atamos un pedrusco en la punta de una cuerda y balanceándola desde la terraza, rompimos el vidrio que daba al dormitorio de Don Anselmo, después, desde mi patio, con mucha paciencia arrojamos un trapo embebido en combustible y encendido.
Apenas empezó a salir un atisbo de fuego por la ventana, tuvimos la cortesía de llamar a los bomberos.

Ellos tuvieron que tirar la puerta abajo para apagar el incendio.
Nos figurábamos que estaría el cadáver de la señorita de la noche anterior, pero no. Un sommier, la alfombra y una biblioteca colgante estaban íntegramente quemados, pero ningún cuerpo. Ni allí, ni en ningún otro cuarto, pero lo que en cambio nos llamó la atención, fue un arcón vacío idéntico al del sótano que inexplicablemente, había resistido al siniestro.

Cuando se estaban yendo los bomberos, llegó el viejo.
Irene le refirió cómo de repente, habíamos visto el humo "...y de casualidad que lo vimos...", dijo Irene.
Por suerte el tipo estaba tranquilo. Nos dio las gracias por haber pedido ayuda a tiempo "...antes que que alguien muera...", acotó, y se encerró en su departamento.

Entre todas nos miramos aliviadas por haber zafado de toda sospecha y lo que sucedió a continuación todavía no me deja dormir: el individuo, que apenas hacía unos segundos había entrado a su domicilio, abrió súbitamente la puerta y salió portando una maleta. A sus espaldas, sonriendo alegremente, una mujer joven, rubia y elegante, salió, nos guiñó un ojo y desapareció tras él por las escaleras.
Era todo muy raro.
Aquella noche desapareció Eulalia.
La buscamos por todos lados pero nunca más la encontramos.
Nosotras nos tenemos sólo a nosotras mismas. Somos (o quizás debería decir "éramos") un grupo de cinco mujeres solteras, sin familia y muy unidas desde la infancia. Que una desapareciese tan de improviso, era del todo ilógico.
Así fue que diseñamos el plan b.
Una noche que Anselmo bajó a sacar la basura, lo redujimos entre las cuatro.
No fue difícil: Yo le tiré insecticida a los ojos, y Haydée le pegó con la botella en la cabeza. Mientras caía, Carmen e Irene ya iban atándolo de pies y manos pero por las dudas yo me encargué de rematar el golpe con el tarro de aerosol.
Cuando volvió en sí, lo teníamos prisionero en el sótano. No duró mucho. Sentí un chasquido a mis espaldas y no recuerdo nada más, aunque Irene, que fue la última en desmayarse dijo sentir "...como si un viento fuerte me abofetease de repente...".
Cuando despertamos, Anselmo ya no estaba y también habían huido nuestras ilusiones de hallar a Eulalia.
Irene lloraba y decía que "...Eulalita... pobre Eulalita..." decía Irene.
Al día siguiente despareció Carmen. Eso fue decisivo. Entre las tres que quedábamos lo enfrentamos en la calle, delante de todo el mundo, cuando se marchaba a trabajar.
-¡Asesino! -le gritaba una.
-¡Demonio! -agregaba otra.
-¡Confiese, por favor confiese! -creo que le grité yo. Él: ¡ni vuelta se dio!
Esa misma mañana, a pesar de su ausencia, hizo desaparecer a Haydée.

Irene y yo estábamos tan atemorizadas que decidimos ir a la comisaría.
Como sabíamos de los retrasos burocráticos, optamos por lo rápido: lo acusamos de homicidio porque en esencia estábamos (estamos) seguras de su culpabilidad.
Irene dijo que había visto como ahorcaba a Carmen con sus propios ojos, "...recién recién..." dijo Irene.

Esa tarde el señor no volvió. Dedujimos que se lo habrían llevado detenido desde su trabajo.
La policía vino varias veces e hizo muchas preguntas, buscó, revisó y a los pocos días, el evidente asesino estaba de vuelta.
Nomás volver, nos informó con una calma tétrica que se iba.
En vez de subir, se fue para el sótano.
De repente, como si el infierno hubiera abierto sus puertas para nosotras, escuchamos con claridad los gritos de nuestras amigas.
Las dos bajamos corriendo las escaleras y cuando llegamos donde estaba el señor Anselmo, todo concluyó en un instante.
Él estaba de pie dentro de su arcón abierto y un segundo después, ya no estaba.
Un silencio confuso ocupó el lugar.
Nunca más lo volvimos a ver. Ni a Eulalia, ni a Carmen, ni a Haydée aunque una vez que íbamos caminando por Almagro, nos pareció ver a la rubia saliendo de un acuario. La seguimos como media cuadra, pero le perdimos el rastro cuando llegó a la esquina.
Ahora Irene y yo vivimos juntas en mi departamento.
No vamos a la baulera ni subimos al segundo piso mientras esperamos la venta de alguna de las propiedades para poder mudarnos.
Se hace difícil dormir de noche con todos esos ruidos danzando sobre nuestras cabezas.


10 comentarios:

ANSELMO dijo...

Ya no me gustaba ese lugar.Muchas mujeres haciendo muchas preguntas.
Por suerte me pude mudar a un barrio nuevo.
A mi y a mi arcon...nos encanta la calle Pringles.

Anselmo


ahhh no estaria nada mal,que le contestes los comentarios a mi amigo Blue Angel.Gracias

Don Arturo de Quilpue dijo...

Por Dios Señorita, no estará usté hablando de mi Anselmo!!!!!!

Excelente relato. Me puso los pelos de punta!!!!!!

FOK dijo...

qué buen relato, señorita! qué bueno q hayas vuelto a actualizar este blog q es genial!

Beto dijo...

Excelente Señorita Cosmo, acabo de añadirte entre mis blogs frecuentados. Me pareció espectacular el misterio que le pones, en particular me dio miedo, aunque tengo que admitir que soy miedoso de peso.

Excelente blog, pasaré por aquí más seguido.

Saludos,
Beto Aveiga

iNez & vAle dijo...

años sin pasar
muy bueno che!
saludos

María Julia dijo...

Hola, me gusta como escribis. Siempre paso a leerte. Tenes talento. Besos

Terrorista Emocional dijo...

Siempre me pareció "Anselmo" nombre de cagador. Con el perdón del Anselmo de acá que nos cae bien, obvio.

el_iluso_careta dijo...

EXCELENTE..ME ALEGRO HABERTE ENCONTRADO...

Shanty dijo...

Muy buen blog, felicitaciones. Tus relatos estremecen.
Shanty

Bruno Resende Ramos dijo...

Su permiso de visitar lo portal pefectamente fantástico. Su web permite obtener la información necesaria para todos los poetas y contistas del terror como yo.
Buenas,me dirigo a los editores,por si, conoce una representación que si oferece a publicar trabajos brasileiros. Mi cuentos y poesias...Queria saber,si oferece una oportunidad en concursos... Agradecedria mucho su resposta. En que portal mi conducir?
Los invito a visitar mi portal web tambien.
Su dirección es:

http://www.brunoadult.blogspot.com

Muchas gracias de antemano
Bruno Resende Ramos
Brasil - 06/04/2008